Inicio 9 Enciclopedia 9 «Lo subalterno»

La palabra subalterno proviene del latín, subalternus, que, a su vez, posee el prefijo sub– (“por debajo”) y la raíz alter (“otro”). A priori, desde esta etimología, la subalternidad refiere a la otredad que está (¿o es?) subordinada. Ahora bien, ¿a qué está subordinado?

El uso del concepto del subalterno no es reciente. Gramsci revisa la historia de los grupos sociales subalternos de Italia en Cuadernos de Cárcel (1934) para pensar en aquellas clases que se encuentran en una posición de subordinación y exclusión dentro de la sociedad. Dice: 

Los grupos subalternos sufren siempre la iniciativa de los grupos dominantes, aun cuando se rebelan y sublevan: sólo la victoria «permanente» rompe, y no inmediatamente, la subordinación. En realidad, aun cuando parecen triunfantes, los grupos subalternos están sólo en estado de defensa activa (esta verdad se puede demostrar con la historia de la Revolución francesa hasta 1830 por lo menos) (p. 178)

La tensión entre poderes señalada por Gramsci es el punto de partida para comprender el rol del subalterno en la sociedad. Los grupos subalternos están siempre resistiéndose al poder del grupo hegemónico. En Los intelectuales y el poder, Foucault le responde a Derrida: 

La gran incógnita actualmente es.¿quién ejerce el poder? y ¿dónde lo ejerce? Actualmente se sabe prácticamente quién explota, a dónde va el provecho, entre qué manos pasa y dónde se invierte, mientras que el poder… Se sabe bien que no son los gobernantes los que detentan el poder. Pero la noción de «clase dirigente» no es ni muy clara ni está muy elaborada. «Dominar», «dirigir», «gobernar», «grupo en el poder», «aparato de Estado», etc., existen toda una gama de nociones que exigen ser analizadas. Del mismo modo, sería necesario saber bien hasta dónde se ejerce el poder, por qué conexiones y hasta qué instancias ínfimas con frecuencia, de jerarquía, de control, de vigilancia, de prohibiciones, de sujeciones.

Si las formas de poder son diversas, entonces también lo deben ser los dispositivos y las inversiones de poder, como también ya ha analizado Foucault en Los anormales y en Vigilar y Castigar, con modelos como el panóptico. Asimismo, las tensiones de poder implican que los subalternos no escapan de la agrupación jerárquica: es ya una clásica lectura marxista la de reconocer como subalternos a las clases trabajadoras, los pueblos aborígenes y, como fundamenta Simeone de Beauvoir, la mujer. 1 En particular, en la historia norteamericana, podemos considerar también a las poblaciones africanas y sus descendientes, llevados por los esclavistas como mano de obra. Todos estos grupos se encuentran en oposición al sujeto soberano Occidental. 2

Aun así, la lectura de Gramsci ofrece una clara distinción que sigue en vigencia: la sociedad no es un sistema homogéneo y sus reglas se rigen por posicionamientos internos que definen quién está dentro, pero también quién está fuera del tejido social. Esta distinción marca los límites culturales, de poder y de capital simbólico de una sociedad, aunque corresponde matizar: ¿se puede en realidad existir acaso fuera del tejido social? 

Gayatri Spivak en ¿Puede hablar el sujeto subalterno? (1998) pone el foco en la característica liminal de este sujeto-otro: no existe fuera, sino en una posición desplazada del sujeto hegemónico, soberano, dominante. Considerando el peso epistémico del concepto de subalternidad, resulta destacable también su observación sobre el rol de los intelectuales ante el discurso contrahegemónico: “Ni Deleuze ni Foucault parecen conscientes de que los intelectuales dentro de la sociedad capitalista, haciendo gala de una experiencia concreta, pueden contribuir a consolidar la división internacional del trabajo“ (p. 5). Agrega más adelante: 

Puesto que “la persona que habla y actúa (…) es siempre una multiplicidad” no existe “intelectual teórico (…) <o> partido o (…) sindicato” que pueda representar “a aquellos que actúan y luchan” (Foucault, 1977: 206). Pero, ¿acaso aquellos que actúan y luchan son mudos, en oposición a los que actúan y hablan? Estas enormes cuestiones aparecen enterradas en las diferencias que se hallan en la misma palabra: “conciencia” (que en inglés se diversifica en “consciousness” y “conscience” [en el sentido de “conscientización” y de “conciencia”]) o “representación” y “re-presentación” (p.6).

Si los intelectuales, mencionados por Foucault y Derrida en Los intelectuales y el poder, como repone Spivak, hablan por otros o en una representación del otro, entonces ¿qué hace el subalterno? No puede representarse ni ser representado. No participa del discurso. Será hablado, pero no podrá contar su versión. Para Spivak, este no tiene voz, como propone con la mujer. Sin embargo, tal vez no se trata de no participar del discurso, sino que prima lo que el sujeto soberano proponga como narrativa hegemónica, antes que lo que el otro (los subalternos) digan sobre sí mismos. A fin de cuentas, las voces autorizadas dominan también los espacios de circulación de las voces, tanto como el contenido. Entonces, importa qué historias contamos, para contar con ellas otras historias. Dice Donna Haraway: “Importa qué historias contamos para contar con ellas otras historias; importan los conceptos que utilizamos para pensar con ellos otros conceptos. Importa si el ouroboros se come su propia cola de nuevo” (2022, p. 12).  No da igual qué conceptos circulan, qué intelectual habla y sobre quiénes se hablan. Importa la circularidad del circuito hegemónico.

En resumen, la subalternidad está siempre desplazada y en tensión respecto de las clases dominantes, y es en la construcción de discursos de poder donde la lengua simbólica puede marcar las jerarquías que subordinan al otro, pero manteniéndolo como parte indispensable del sistema social. Dentro de la categoría de subalterno, se entierran a muchos tipos de sujetos liminales, sin limitarse a los ya destacados por el marxismo: también están los locos, los raros, los extraños (en el sentido más ominoso del término), los deformes, los enfermos, los que piensan diferente al discurso hegemónico. 

La literatura ha dado cuenta tanto de las construcciones hegemónicas como de los discursos sobre los subalternos. Específicamente, la literatura norteamericana cuenta constantemente con referencias a subalternos. Se habla del negro, del extranjero, del bando enemigo, de las brujas, de los guetos, de los nativos salvajes, de los pobres, de los que han vuelto de la guerra que ya no son sino despojos. Cabe preguntarse en qué medida son ellos quienes hablan, y en qué medida otros hablan (o escriben) sobre ellos, construyéndolos como subalternos.

Para dar un solo ejemplo, tal vez El último de los Mohicanos de James Cooper podría ejemplificar posiciones subalternas en la Literatura Norteamericana. Cooper resalta la necesidad del indio en la disputa por sus propias tierras, a la vez que lo clasifica como inferior en su sistema social y cultural, como al inicio del capítulo 1: “El robusto colono y el entrenado europeo que luchaba a su lado, frecuentemente pasaban meses luchando contra los rápidos de los arroyos, o efectuando los escarpados pasos de las montañas, en busca de una oportunidad para exhibir su coraje en un conflicto más marcial” (p. 9). La narrativa no solo habla por ellos, sino también produce y cristaliza un discurso sobre el subalterno, a la vez que lo toma como pieza fundamental para la conformación del nuevo mundo: era un aliado, pero primitivo e inferior. Y no es hasta que el narrador ha dado ya una descripción detallada sobre los pueblos locales que se les permite hablar de forma directa.


Bibliografía

Gramsci, A, (1934) Cuaderno 25 (XXIII). Al margen de la historia (Historia de los grupos sociales subalternos). Edición Crítica de Cuadernos de la cárcel. Tomo 6. pp. 117-187.

Cooper, J. F. (1992). The last of the mohicans (portada). Wordsworth Editions.⁠

__________ (s/f) El último mohicano. PROJECT GUTENBERG. Traducción de ELEJANDRÍA. https://www.elejandria.com/libro/el-ultimo-mohicano/james-fenimore-cooper/2360 

de Beauvoir, S. (1949) El segundo sexo. Prólogo a la edición española de Teresa López Pardina

Traducción de Alicia Martorell. Cátedra, Unviersitát de Valencia.

Deleuze, G. y Foucault, M. (1972) Los intelectuales y el poder. L’Arc, n° 49, 2 trimestre. Microfísica del Poder. Michel Foucault. La Epiqueta. pp. 77 – 86.

Haraway, D. (2022) Tres mochilas en Colombia: bolsas para seguir con el problema (introducción). La teoría de la bolsa de la ficción. pp.11-23.

Spivak, G. C. (1998) ¿Puede hablar el sujeto subalterno? Orbis Tertius, 3 (6), pp. 175-235. En Memoria Académica. Disponible en: http://www.fuentesmemoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.2732/pr.2732.pdf 


  1. En nuestros tiempos, se han sumado luego como subalternidades los grupo LGTBIQ+.
  2. El concepto de sujeto soberano comprende diversas aristas teóricas, filosóficas y políticas. Entre los autores que han explorado el término, se pueden destacar el individuo soberano de Kant, el “amo” para Hegel, mientras que para de Beauvoir, sólo el hombre es sujeto, frente a la mujer como objeto, entre otras definiciones.